27 de junio de 2022
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#LasPiezas || En defensa de una nueva ética y moral para el espíritu

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#LasPiezas || Sin lugar a duda vivimos en una sociedad compleja, difícil, que ha logrado disolver los cimientos que sostenían al espíritu humano; el espíritu entendido como aquella sumatoria de verdades que permitían al hombre, al ser humano desenvolverse de forma coherente, de una forma en la que pudiese coexistir sin mayores vicisitudes, sin mayores contradicciones.

No obstante, hoy en día, observamos que la decadencia, la falta de conciencia, la dejadez, la arbitrariedad, la separación y un sinfín de conductas peligrosas han poco a poco relegado al ser humano a una categoría en donde lo que impera es la debilidad, pues si analizamos bien los actos del individuo en el acontecer social, -nos vamos a dar cuenta de que lo que prolifera es una carencia, una falta, hemos llegado al colmo, a la destrucción del espíritu humano-.

Podría decirse entonces, que el individuo marcha hoy en día sin una razón verdadera de ser, como en un desfile de sombras, arrojados a la incertidumbre, casi siempre sin potenciar sus virtudes, observando la pantalla en una sociedad que es un barco a la deriva, un individuo que tiene el alma corroída, que si no se apresura estará pronto a que le roben totalmente el espíritu.

Y como decía Heidegger, hoy en día tenemos un olvido del ser, que siempre conlleva una problemática mucho más grande que vemos como reflejo en la sociedad. Si se recobra la conciencia, se podrá recobrar el sentido y consecuentemente se renovará el espíritu, la fuerza, la entereza de poder obrar bien, porque pareciera ser que hoy en día se obra de mala fe, y ya sabemos que la maldad en su vasta extensión no es más que ignorancia.

Acá es donde se le debería de prestar atención a la antigua Grecia, y es que si el hombre actual retomara algunas virtudes expresadas por los antiguos, podría construir su mejor versión, por ejemplo, si retomara la justicia, la templanza, la prudencia y la fortaleza, podría encaminarse y encontrarse a sí mismo.

De igual manera si recobrara las virtudes de la antigua Roma, como merced,  decisión, tenacidad, cortesía, podría seguir moldeando su espíritu siempre en pos de una verdad más grande que se plasmaría dentro del entramado social. Y se construiría un saber de todos para todos, porque siempre los problemas gestados en la sociedad en el fondo, muy en el fondo, son de carácter espiritual, espíritu entendido como fuerza, como vitalidad, conciencia.

Si se redefine y moldea al espíritu, se puede obtener una ética, una moral, un poder. Si se trastoca lo que el individuo puede expresar, lo que vamos a obtener es una sociedad, con neurosis, una sociedad enferma que lo único que pide es orden, y ya sabemos que para alcanzar cualquier objetivo, es importante, muy importante el que exista entendimiento.

Un entendimiento más allá de las diferencias, más allá incluso de las corrientes de pensamiento, más allá de las ideologías para alcanzar procesos de paz, procesos en donde el individuo sea el verdadero artífice del destino, siempre en pos de algo más grande, en pos de un ideal, siempre a la espera de una mejora social.

Si el individuo encontrara un sentido real, y empleara virtudes que a lo largo de la historia comprobaron que eran necesarias y que hacían funcionar la sociedad, podría entonces construir relaciones diferentes de poder en las que íntegramente se vería dirigido por una fuerza moral superior; desde luego que para alcanzar un fin superior. He ahí la necesidad de construir la integridad, en defensa de una ética que resguarde el espíritu, siempre pensando en un ideal mucho más grande, incluso mucho más grande que el mismo ser humano.

De lo contrario se harán presentes esas contradicciones que subyugan al hombre, de lo contrario la sombra, ese elemento que nombra Carl Jung emergerá siempre, y el reflejo, la consecuencia será el caos, la guerra, la destrucción.

Ahí radica la necesidad de una construcción de una nueva ética y moral para el espíritu.

**Rodrigo Arroyo es narrador, poeta, además de ser estudiante de Relaciones Internacionales y Filosofía

NOTA: Las opiniones presentadas en estas columnas de opinión son de única responsabilidad de la persona que las escribe y no necesariamente representan la línea editorial de Ajedrez Político

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