27 de junio de 2022
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#LasPiezas || Las alternativas a largo plazo, no pasan netamente por la gestión individual

5 minutos de lectura

Es complicado abrirse paso entre los deseos individuales de trascender en una sociedad voraz y cambiante que atribuye todo al individuo, y no a su conjunto; aunque el individuo y lo colectivo parezcan casi lo mismo. Como si los deseos y las acciones para lograr los objetivos planteados fuesen cosas distintas. Las estrategias y alternativas planteadas no siempre se parecen al esquema dibujado en nuestra cabeza.

La complejidad de crecer en ambientes desfavorables es una obviedad, y en cierto modo, eso lo convierte en un tema que bien podría considerarse periclitado en todas sus formas de abordaje. No obstante, sigue siendo el meollo del asunto a tratar cuando hablamos de la psicología “moderna”. No hay porque tener miedo a considerar que la etiología variable y siempre incierta de las “enfermedades” mentales, son un conjunto de intenciones y planteamientos, que contrario a lo que se pueda pensar, no me que sea una muestra de debilidad epistemológica.

Nada de la conducta humana pareciera ser explicado con la seguridad de que será irrefutable a través del tiempo. Y probablemente de eso se trate, de no dar nada por sentado, ni asumirse completo en ningún tramo de la vida. Pareciera, al menos para los individuos que han asumido existir bajo las doctrinas de Camus, y Albert Ellis, que lo único cercano a la certeza, es el “momento” siendo vivido en el instante en que se vive.

Y ésta parece ser la parte central de los problemas psicológicos de la sociedad “moderna”. El modelo económico desigual, siempre nos dejará con la sensación de que debemos ir mas allá de los límites establecidos de ese ambiente desfavorable que ya hemos normalizado y del que ya no nos importa debatir su origen. Lo único idóneo al abordarlo, es coger la punta de una de las ramas del árbol social, y sacudirla como quien desea la fruta sin trepar para bajarla. De arrojar la roca, o trepar el árbol ya se encargarán los mensajes de superación, las alternativas de crecimiento económico, y las estrategias de afrontamiento individual.

Esta última, es la que se lleva todos los esfuerzos de la psicoterapia actual, transformándola en la esencia de las terapias de tercera generación. Entender que el sufrimiento, el padecimiento social, la angustia de vivir, la tristeza y los problemas en general, son inherentes a existir, también es una obviedad que ya no suele debatirse bajo la primicia de que habrían de ser evitadas como quien evita pisar las líneas al caminar sobre las baldosas de la calle. La única forma plausible de abortar el dolor humano es aprender a afrontarlo, aun sabiendo que no podrá nunca ser evitado.

¿Y que más le queda al psicoterapeuta?, ¿tal vez, solamente “escudriñar” como un creyente en un libro sagrado, y encontrar un atisbo de explicación sobre el comportamiento humano que responda en sí mismo, a eso tan inexplicable que se cuece entre las sombras internas? Responde esta interrogante tan larga es un reto, pero solamente para la psicología. Es el reto que habrán de aceptar el estado, y habría de hacerlo con la misma facilidad con que las palabras pronuncian las promesas de un cambio.

Si en las manos de la psicoterapia y por consecuente en las de la psicología, ya hace el reto de proveer de alternativas para afrontar el mundo, como individuos, no debemos de olvidar que hay un espacio abierto donde residen aun los cuerpos que no pueden ser levantados del pasado que cae como una loza sobre los cráneos que intentan pensar en estas dudas como bien dije “poco menos que existenciales”,  y que nos retienen en la adversidad como el mis mismo pensamiento automático planteado por Aaron Beck.

El cambio definitivo de una sociedad hambrienta de mejora, pero satisfecha de mentiras que alimentan la imaginación de un mundo liviano y atiborrado de sueños, no pasa por una orden dictatorial que plantea resolver los problemas concretos de la sociedad. La gestión de la política actual, es comparable al ejercicio físico planteado bajo el término de “paisa activa” en una jornada laboral y que tiene como finalidad afrontar y disminuir el estrés que más tarde deparará en ese famoso diagnóstico de “ansiedad generalizada”.

Es evidente que las alternativas a largo plazo, no pasan netamente por la gestión individual, pues hay que recordar que, si bien la conducta normal puede estar regida por un periodo histórico determinado, también lo hace la patología que atraviesa diversas opiniones que la alojan en un espacio reservado para aspectos determinados por la “funcionalidad” del individuo dentro de la sociedad.

El conocimiento humano se pone de manifiesto y dentro del acto de pensar, se puede llegar a dilucidar el panorama de la conducta dentro del momento histórico, es decir, que existirán aspectos inamovibles, los cuales tenderán a afectar a los seres humanos, independientemente del momento histórico dominante, y de la ideología dominante.

Según las terapias de tercera generación el problema está en el interior del individuo, ya sea en sus pensamientos disfuncionales o en alteraciones neuroquímicas. En mi opinión, esto no puede ser tomado de manera univoca; sino más bien, como un componente de un todo al cual se debe de priorizar. Esta visión solo incentiva una atribución individual que compone el origen de patologías; no obstante, si bien el ser humano construye conceptos que componen esquemas globales de pensamientos y se expresan en sus pensamientos automáticos y posteriormente en sus conductas, no se debe pasar por alto que existe un contexto sociocultural que nos sostiene, y viceversa.

Por tal razón, estas ideas solo refuerzan los tratamientos asistencialistas que se estancan en desarrollar habilidades en el individuo que le provean de herramientas para sobrellevar el mundo por el cual transita; haciendo que esgrima esas habilidades como si fuesen un “arma” para derrotar al adversario que es el mundo. Se comprende que la dinámica social avasallante y el incontrolable poder político, hacen que ésta sea la manera más propia y eficiente de proporcionar tratamiento. No obstante, el desarrollo de patologías, no dejaran de construirse bajo los mismos preceptos de insatisfacción, inadaptación e incomprensión.

Gerardo Ramírez. Licenciado en psicología con experiencia en el área clínica y laboral. Actualmente se dedica a la psicoterapia y a la gestión de personal empresarial. También se dedica a a la poesía, novela y ensayo.

NOTA: Las opiniones presentadas en estas columnas de opinión son de única responsabilidad de la persona que las escribe y no necesariamente representan la línea editorial de Ajedrez Político

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